Ciudad de México.- Por muchos años, siempre se ha dicho que los perros odian a los gatos, y que los felinos tampoco soportarían a los canes, pero aquí, en TRIBUNA DEL YAQUI, te contamos cuál es el verdadero motivo por el que en realidad estos animales tendrían la necesidad de pelearse cada que están uno en frente del otro, ¿será acaso que esto es un instinto de nacimiento, o solamente es un hábito adquirido con el tiempo?

Según la especialista Norman Cortés Fernández de Arcipreste, académica de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, ha declarado que perros y gatos sí se persiguen y pelean por un instinto de nacimiento, pero no por odio, dejando en claro que no es que el can vea un gato y lo perciba como enemigo o una amenaza, sino que, al ser un descendiente de los lobos, mantienen un instinto de caza que ocasiona que vea a animales más pequeños como una potencial fuente de alimento.

Pero, así como afirma que este es instinto de caza, no siempre es la principal causa de este ataque constante entre ambas especies, sino porque los gatos también tienen un instinto de presa y depredador muy marcado, y cuando el perro se le quiere acercar para jugar, podría detectarlo como una amenaza potencial, especialmente si nunca han tenido una convivencia entre especies, o vienen de la calle, en la que nace esta rivalidad al tener que sobrevivir mediante a estos instintos.

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De la misma manera, la especialista destacó que, en los canes, es importante que en sus primeros 21 días o 16 semanas de vida, es crucial que se le presenten diferentes especies, si se quiere mantener bajo control el instinto de caza, o sea, dejar que conviva con niños pequeños, gatos de todas las edades y cualquier otra especie con la que se espera que no reaccione como un cazador, y lo mismo con los gatos, para que su socialización sea controlada y al crecer sepan regular estos instintos de nacimiento.

¿Cómo reunirlos en caso de no tener al can desde cachorro?

Según los consejos de la especiales, es importante que el proceso sea gradual, sin importar que lleve días o semanas, para prevenir que alguno salga lastimado, señalando que lo más importante es que se tenga al gato en un espacio cerrado, seguro, en el que el perro pueda verlo y olerlo, pero no alcanzarlo, y que el can esté con correa para controlar sus reacciones, premiándolo en caso de que mantenga una actitud relajda con el felino.

Cuando el perro se acerque a olfatear al gato, debemos estar atentos a su conducta. Si el gato está muy asustado, podemos repetir este procedimiento dos o tres veces al día durante cinco minutos y realizarlo diariamente. Si ambos se relajan, podemos acercarlos un poco más, entreteniendo al perrito con un poco de comida. También se puede ofrecer alimento al gato dentro de la jaula”, aseguraron.

Finalmente, destacan que en el momento en que ambos se olfateen y el gato muestre algo de interés en el perro, podemos soltarlo, mientras que al perro se le mantiene con una pechera para controlar su reacción.

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Fuente: Tribuna del Yaqui