Ciudad de México.- A casi 17 años de su muerte, Michael Jackson sigue vivo y su biopic, Michael, captura mucho más que solo la silueta del mito. El llamado ‘Rey del Pop’ no fue solo un artista; fue la genialidad precoz y la consecuencia de ser visible en todo momento.
Sin el afán de imitar a su tío, Jaafar Jackson no es Michael, pero en su objetivo de querer serlo, mimetiza sus movimientos, gestos y estilo de baile que, por poco más de dos horas, nos hace pensar que ‘MJ’ reencarnó en él.
Para muchos de nuestra generación, Thriller fue el primer contacto con la música anglosajona. Demasiado chicos para apreciar la música disco, el cantante originario de Gary, Indiana, llegó a los niños de principios de los ochenta en medio de Enrique y Ana y Parchís, y tomó el estrellato por asalto; no hay quien no reconozca los acordes, la voz y el estilo del ‘Rey del Pop’.
En esta época, donde las biografías cinematográficas parecen fabricadas en serie, Michael irrumpe con la promesa, todavía en suspenso, de capturar mucho más que su impacto arriba del escenario.

Michael Jackson sigue vivo en pantalla: Biopic cautiva a nuevas generaciones
La película, dirigida con una ambición evidente, intenta reconstruir no solo los hitos conocidos, los Jackson 5, el fenómeno global de Thriller, los récords imposibles, sino también las grietas menos cómodas. Y ahí es donde el proyecto se vuelve interesante, porque contar a Michael no es repetir su historia, sino enfrentarse al eco de sus muchos silencios.
Luces, escenarios, coreografías: Todo parece decirnos que el espectáculo nunca se detuvo, ni siquiera cuando el telón estaba abajo. En ese sentido, la película no busca humanizarlo de forma convencional, sino mostrar cómo lo humano y lo inalcanzable convivían en el mismo cuerpo.
El mayor riesgo, y quizá su mayor acierto, está en no simplificar. Michael no cabe en una sola versión: Fue niño prodigio y adulto incomprendido, perfeccionista obsesivo y figura vulnerable que tenía en sus animales, sobre todo en Bubbles, su chimpancé, a sus mejores amigos. La biopic camina esa cuerda floja con momentos de lucidez y otros donde el peso del ícono amenaza con aplastar la narrativa.
Al final, Michael no responde todas las preguntas, pero tampoco parece interesada en hacerlo. Más bien deja una sensación inquietante: La de haber observado a alguien que nunca terminó de pertenecer al mundo que lo adoraba. Y tal vez ahí radica su fuerza.
Porque Michael Jackson, incluso en la pantalla, sigue siendo un enigma que se resiste a ser explicado y que, ante la riqueza de una carrera de más de treinta años, no podía ser contado en una sola entrega y, al menos, en su final nos deja la sensación de que tiene que haber una secuela.
Fuente: Tribuna del Yaqui
