Washington D.C., Estados Unidos.- Tras el éxito del viajar alrededor de la Luna, la misión Artemis II de la NASA está por vivir su momento más crítico este viernes 10 de abril de 2026, su regreso a la atmósfera terrestre. Tras diez días en el espacio y haber rodeado la Luna, los cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orión se preparan para una maniobra de los 13 minutos críticos que pondrá a prueba los límites de la ingeniería aeroespacial.

El amarizaje está programado para las 20:07, hora del este de Estados Unidos, en aguas del Pacífico. El descenso no es solo una cuestión de navegación, sino de supervivencia extrema, ya que la cápsula impactará contra las capas densas de la atmósfera a una velocidad de 40 200 kilómetros por hora. Esto representa una velocidad 45 veces mayor que la de un avión comercial, lo que provoca una fricción que genera temperaturas que rozan los 2 760 grados centígrados, lo que iguala a la mitad de la temperatura superficial del sol.

Artemis II: Riesgos del reingreso a la atmósfera terrestre; los 13 minutos críticos de la cápsula Orión

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Para los cuatro tripulantes de la cápsula Orión, esto representará una experiencia física abrumadora. Durante la deceleración, los tripulantes sentirán que su peso se multiplicará por cuatro debido a la fuerza gravitacional, siendo esta presión el producto de reducir la velocidad de forma drástica en pocos minutos, una prueba de fuego, la cual validará si la cápsula está preparada para transportar humanos de forma segura en futuras misiones.

Teniendo un papel importante en el descenso de este viernes 10 de abril, el escudo térmico de la cápsula Carlos García-Galán, responsable del programa Moon Base de la NASA, indica que la velocidad alcanzada en el retorno desde la Luna es necesaria para probar este componente bajo condiciones reales. Sin el blindaje térmico, la fricción atmosférica desintegraría la nave en cuestión de segundos, por lo que su integridad es la mayor preocupación de los directores de vuelo.

La secuencia crítica comienza 42 minutos antes de amerizaje, cuando la cápsula Orión se separa del módulo de servicio; a unos 120 kilómetros de altitud, una docena de propulsores orientan la nave para que el escudo térmico reciba el impacto directo del plasma. Esta fase convierte a la cápsula en una auténtica ‘bola de fuego‘ que atravesará el cielo mientras pierde velocidad mediante la resistencia del aire.

Tras superar el pico de calor, la cápsula desplegará de forma escalonada un total de 11 paracaídas. A 2 mil 700 metros de altura, cuando la nave se encuentra viajando a unos 210 kilómetros por hora, los paracaídas principales reducirán la velocidad a menos de 32 kilómetros por hora, siendo este frenado controlado vital para que el impacto contra la superficie del océano no cause daños estructurales ni lesiones a los astronautas.

Después de amerizar a unas cientos de millas de San Diego, iniciará el rescate. Lili Villarreal, quien es directora de Aterrizaje y Recuperación, coordinará a un equipo de buzos de la Marina que evaluará la seguridad del aire y el agua circundante. Debido a los restos químicos y calor residual, la recuperación de las astronautas tomará entre 30 y 45 minutos antes de que puedan salir de la cabina.

Una vez fuera de la cápsula de Orión, los tripulantes serán trasladados en helicóptero a la enfermería de un barco de la Marina. Allí se someterán a revisiones médicas inmediatas para evaluar los efectos de la microgravedad y las fuerzas del reingreso. Una vez finalizado, el equipo volará hacia Houston, Texas, mientras la cápsula será remolcada hacia el Centro Espacial Kennedy en Florida para su análisis técnico.

La eficiencia de este viaje se debe a que Orión ha seguido una trayectoria de retorno libre, aprovechando la gravedad de la Tierra para ser atraída de vuelta sin gastar un exceso de combustible. Esta mecánica orbital es la misma que permitió misiones seguras en la era Apolo, garantizando que, incluso con fallos menores de propulsión, la nave mantenga un rumbo estable hacia la Tierra.

La NASA ha establecido una zona de exclusión de 2 mil millas náuticas en el Pacífico para evitar riesgos con la caída de escombros, como el paracaídas y cubiertas desechadas. La agencia ha pedido a la población en general mantenerse alejada del área de rescate, por donde aviones C-17 y helicópteros militares vigilarán el descenso de la cápsula para asegurar un perímetro libre de interferencias.

Los datos que se obtengan con el regreso de Artemis II Y IV, que planean llevar astronautas a la superficie lunar en 2028. Si el escudo térmico de la Orión soporta el calor extremo de este viernes 10 de abril, la NASA podrá certificar la nave para los próximos alunizajes. Cada grado de temperatura y cada vibración registrada servirán para mejorar la seguridad de las futuras bases lunares.

Por su parte, el administrador Jared Isaacman ha expresado que la tensión no terminará hasta que los astronautas pisen tierra firme. Tras una semana llena de desafíos técnicos y una visión única de la cara oculta de la Luna, teniendo como objetivo final el reencuentro familiar. La NASA priorizará la privacidad y recuperación de los tripulantes antes de que estos ofrezcan sus testimonios detallados sobre el viaje.

Este viernes 10 de abril se finalizará un capítulo que comenzó en Cabo Cañaveral diez días atrás. Con el amerizaje de Orión, termina una misión que no solo probó la tecnología de 23 millones de dólares en saneamiento y paneles solares de Airbus, sino que devolvió a la humanidad la capacidad de navegar entre mundos. La ‘bola de fuego‘ que verá en el Pacífico es una señal de que el camino a la Luna está oficialmente abierto de nuevo.

Fuente: Tribuna del Yaqui