Ciudad de México.- La política monetaria del Banco de México tiene una influencia limitada sobre los precios de productos agrícolas, energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, informó Omar Mejía Castelazo, subgobernador de la institución.

Estos productos integran la canasta no subyacente de la inflación, que se caracteriza por ser altamente volátil y sensible a choques de oferta, según explicó el funcionario. El Banco de México reconoce así que las herramientas tradicionales de política monetaria, como ajustes en la tasa de interés, tienen alcance limitado para controlar la inflación en alimentos que afecta directamente el bolsillo de los mexicanos.

¿Por qué los precios agrícolas no responden a las tasas de interés?

Los precios de productos agrícolas dependen principalmente de factores de oferta y demanda que escapan al control de la autoridad monetaria, explicó Mejía Castelazo durante su intervención. La canasta no subyacente, que incluye frutas, verduras, granos y productos pecuarios, está expuesta a choques externos como sequías, plagas, fluctuaciones climáticas y presiones internacionales de precios. Cuando hay una cosecha deficiente o condiciones climáticas adversas, los precios suben independientemente de que el Banco de México mantenga tasas de interés altas.

Sonora, como entidad productora de trigo, maíz y hortalizas, experimenta directamente este fenómeno cuando condiciones climáticas afectan la cosecha regional. La volatilidad de estos precios no se mitiga por decisiones sobre tasas de interés, sino por factores estructurales de producción agrícola que escapan del control de la política monetaria convencional.

¿Cuál es la diferencia entre inflación subyacente y no subyacente?

La inflación subyacente comprende bienes y servicios menos volátiles, como manufactura, servicios profesionales y telecomunicaciones, donde la política monetaria tiene mayor efectividad para controlar precios mediante cambios en tasas de interés. La inflación no subyacente, en cambio, incluye productos agrícolas, combustibles y servicios regulados por el Estado, cuya dinámica de precios responde más a shocks de oferta que a condiciones monetarias.

El Banco de México ha aumentado la tasa de referencia múltiples veces en los últimos años, pero estos cambios tienen un efecto limitado en productos como el tomate, el aguacate o el maíz, que dependen de ciclos agrícolas y condiciones climáticas. Esta distinción es crucial para entender por qué los aumentos de tasas de interés no siempre logran desacelerar la inflación general cuando la presión viene principalmente del sector agrícola.

¿Qué implicaciones tiene esto para los consumidores sonorenses?

Para familias en Sonora y el resto del país, esto significa que la inflación en la canasta básica, especialmente alimentos frescos, seguirá siendo un desafío aun cuando el Banco de México mantenga tasas de interés restrictivas.

Según datos del Banco de México, la inflación de alimentos y bebidas ha sido uno de los componentes más persistentes de la inflación general, afectando principalmente a hogares de menores ingresos.

El subgobernador Mejía Castelazo reconoció implícitamente que se requieren otras herramientas de política pública para controlar precios agrícolas, como inversión en infraestructura de riego, mejora en cadenas de distribución, regulación de intermediarios y programas de estabilización de precios. La política monetaria sola no es suficiente cuando el origen de la inflación está en la oferta limitada de alimentos.

¿Qué soluciones complementarias existen?

Las autoridades deben coordinar política agrícola, comercial y regulatoria para complementar la política monetaria, señaló implícitamente el Banco de México en su posición. Esto incluye inversión en tecnología agrícola, sistemas de riego eficiente, reducción de pérdidas poscosecha y regulación de márgenes de intermediarios que encarecen los productos finales.

Para Sonora específicamente, mejorar la productividad agrícola mediante sistemas de riego moderno y tecnología de cultivo puede ayudar a estabilizar la oferta local de alimentos y, por ende, sus precios. El Estado tiene potencial para aumentar la oferta de productos frescos si se invierte en infraestructura que reduzca la dependencia de condiciones climáticas extremas.

En resumen, el Banco de México reconoce que la inflación en precios agrícolas, que afecta directamente a consumidores sonorenses, responde más a factores de oferta y demanda que a la política monetaria, por lo que se requieren políticas complementarias de productividad agrícola, infraestructura y regulación para estabilizar precios de alimentos en el mediano plazo.

Fuente: Tribuna del Yaqui