Ciudad Obregón, Sonora.-Las imágenes dicen mucho, pero las sensaciones abarcan todo: miedo, descontrol, rabia y, por último, resignación de los pobladores deBaja California,Guanajuato,ChihuahuaoJalisco. Resignación de saber que elcrimen organizadopuede generar caos en minutos, que los líderes de los cárteles cargan un cerillo en una mano y un bidón de gasolina en la otra, mientras las autoridades tardan en reaccionar y mantener el control.
Lo que todo el país vio la semana pasada con la quema de vehículos, bloqueo de calles, incendios en comercios yataquesa civiles, no son más, coinciden los expertos, que actos de terrorismo que el crimen ejecuta para mostrar su músculo. Ante esto, la pregunta obligada por muchos ha sido: ¿seguimos nosotros?
Al comparecer ante los medios de comunicación,Luis Crescencio Sandoval, secretario de la Defensa, reconoció que los territorios que sufrieron estos embates del crimen tienen como características que son disputados por varios cárteles, que tienen puntos clave para el trasiego, comercialización o producción de las drogas, además de una presencia fuerte de armas… un coctel queSonoramezcla desde hace largo tiempo.
Claro que, como era de esperarse, el presidenteAndrés Manuel López Obradory su equipo cercano intentaron poner paños fríos a la situación, responsabilizando a los medios de comunicación de crear una percepción de ingobernabilidad, y a sus opositores políticos de alentar la idea de un Estado débil.
“Es propaganda que intenta hacer el crimen”, dijoAdánAugusto Lópezde la Segob, “es la reacción al debilitamiento que les estamos haciendo”, argumentó Sandoval, mientras López Obrador afirmó que “se exagera, hay gobernabilidad”. Lo cierto es que los hechos y los análisis de los especialistas no coinciden con la liviandad con la que el gobierno federal tomó los hechos.
- En vilo
“Las instrucciones de esta gente era generar caos, generar miedo”, creeAlejandro Hope, analista de seguridad, en una idea compartida por otros expertos en el ramo, que ven en la actuación del crimen una peligrosa posibilidad de que lo repliquen a placer en otros territorios.
Cada caso tuvo motivaciones distintas, pero en política no hay casualidad, son características similares, en días consecutivos… calentar la plaza y frenar a los enemigos; pueden ser lógicas distintas que expliquen lo que pasó, pero es común que se hace lo mismo para generar terror y poder obtener lo que desean, se replican”, argumentaAndrés Sumano, investigador del Colegio de la Frontera Norte.
“Los grupos criminales aprenden de lo que pasó, todos vieron lo que pasó con el caso deOvidio Guzmány algunas acciones más que les han dado buenos resultados ante la autoridad”, añade Sumano, quien cree que el uso de tácticas terroristas por parte de los cárteles “va en crecimiento”. David Saucedo, analista en seguridad pública, respalda la idea al considerar que los últimos hechos se dieron con afán de “generar terror: es unnarcoterrorismode alto nivel”.
Sobre el hecho de que Sonora corra el riesgo de ser el siguiente blanco de este “narcoterrorismo”, los expertos coinciden en que cuenta con varias características que podrían ser detonantes en cualquier momento. Por un lado, argumentan, está la disputa del territorio por al menos tres grupos con alto poder de fuego, que a su vez tienen alianzas con bandas locales que les hacen más peligrosos.
Por otro está el puerto deGuaymas, la joya de la corona por ser epicentro de la llegada de precursores químicos y defentanilo, un sitio fundamental para los cárteles, que buscan dominar la zona por lo que significa en el trasiego. Y, por si fuera poco, es un estado con otros negocios relevantes para el crimen: tráfico de armas, tráfico de personas y un altísimo volumen de consumo interno de drogas.
Además hay que reconocer que las autoridades no han hecho lo necesario ni lo suficiente para fortalecer las capacidades del estado o para disminuir la violencia de los grupos; en Sonora la apuesta ha sido confiar en la estrategia federal, la cual no tiene ni fundamento ni evidencia de que funciona”, sentencia Sumano.
Fuente: Tribuna