Hermosillo, Sonora.-El domingo 23 de febrero quedará en la historia de Hermosillo y Sonora. ¿El motivo?: lamarchaconvocada por laColectiva Juvenil Feministas del Desiertobajo el lema‘Luchar hoy para no morir mañana’que tomó las instalaciones del edificio del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Sonora.
La marcha, que inició en las escalinatas del museo y biblioteca de laUniversidad de Sonora(Unison), contó con la presencia de entre500y2 mil mujeres, según testimonios de las presentes; y que durante todo su recorrido se pudieron escuchar las consignas ‘#NiUnaMenos’, ‘ #NoMásFeminicidios’, frases que reflejan la terrible realidad casi apocalíptica que viven en un país que tiene 10 feminicidios al día.
Alrededor de las 5:40 fue cuando la marcha inició su periplo rumbo al bulevar Luis Encinas. Una marea coloreada en morado y verde (los colores que representan al feminismo y a la lucha por la libre elección). La ruta era la misma que en marchas pasadas: tomar el bulevar, dar vuelta en la calle Matamoros y salir hacia Plaza Bicentenario, donde se encuentra elCongreso del Estado y el edificio del Poder Judicial del Estado, los dos tótems simbólicos del poder del Estado.
Pronto, empezaron las “pintas”. El arte subversivo de los grupos marginales para visibilizar la terrible impunidad a las que son sometidos. “Esto va por ti, Raquel”; “Estado feminicida”, “Ni Una menos”, se quedaron grabadas con pintura en las paredes del Centro de Hermosillo. Y la marcha continuó su viaje por la exigencia de justicia, con la furia arrebatadora de quien lo ha perdido casi todo, menos la fuerza por seguir luchando.
La comunicadoraAlejandra Enríquezcuenta que pasaron el Palacio de Gobierno y se instalaron en la plaza afuera del edificio del Poder Judicial del Estado. El ocaso de domingo con ese cielo anaranjado casi violeta empezó a dar paso al manto nocturno y una penumbra se apoderó del escenario.
No nos prendieron las luces, veíamos que en Catedral, Plaza Bicentenario y Catedral sí estaban bien iluminados. Ahí fue cuando todas sacamos los celulares, muchos foquitos, fue un momento muy bonito”, señala Enríquez.
El contraste entre la penumbra y las luces artificiales de cientos de celulares tilitando en esa oscuridad. Comenzó con un pase de lista de las víctimas de feminicidios en Sonora en 2019. El grito de consignas, el sonido estrepitoso de cientos de mujeres marchando al unísono, esa música orgánica de protesta. Lectura de poesía feminista, textos llenos de dolor, impotencia y rabia, pero también con la intención de generar un cambio. La fuerza renovadora de la poesía. Reflexiones dirigidas a ellas mismas.
En el nombre de las víctimas de femincidio sale el de la doctoraRaquel Padilla.Su hija,Raquel Torúa Padillaestuvo presente.
Siento un descontento que escaló a ser coraje. Un odio a las instituciones que no están haciendo nada por sanar esto que está pasando a las mujeres. En esta marcha vi mucha sororidad. Ahora toca exigir a la sociedad que reflexione y que cambie sus formas. Hay muchos proyectos que traen las colectivas en torno a sensibilizar, para entender las formas en las que el patriarcado nos afecta. Pareciera que apenas así nos voltean a ver”, indicó Torúa Padilla.
Por su parte, Ilse P., estudiante, relata que vio cómo compañeras suyas se subieron para colocar una manta con leyendas feministas. Otras compañeras realizaban palanca a las dos puertas de reja que resguardan el edificio del Poder Judicial.
Hacen palanca y logran tumbarlo, de pronto, entran muchas mujeres al edificio”, indicó Ilse.
Alejandra menciona que primero ve cómo derrumban el detector de metales de la entrada del edificio. Un escritorio vuela, se pone otra pancarta en las escalinatas del edificio. Es un mensaje simbólico. Los vidrios rotos, muebles trozados y un breve fuego empiezan a iluminar la noche hermosillense.
“El fuego fue por hojas”, rememora Alejandra. El fuego con su histórica y dicotómico significado de destrucción y purificación. Los rostros lacerados y compungidos del pase de lista de las víctimas por feminicidio.
NADIE DA LA CARA
Raquel Torúa señala que no salió ninguna autoridad a darles la cara. Las únicas autoridades fueron las que acordonaron vialmente las calles aledañas. También así lo señala Liliana S., empleada y asistente a la marcha.
Hubo cánticos, pintadas y protestas para todos: para la alcaldesa Célida López, para la gobernadora Claudia Pavlovich, a la que tacharon de encubridora y para Andrés Manuel López Obrador, presidente de la República, que se llevó cánticos de feminicida.
Así terminó la noche del domingo 23 de febrero en Hermosillo: entre la impotencia de un Estado ausente que no da resultados y la ira colectiva producida por el cansancio de vivir en un país poco empático.
