Navojoa, Sonora.-En las faldas de loscerritos de Tesia, donRamón Bojórquez López,ahí vive sin nada, bajo un improvisado techo de lona, solo, con grandes dificultades para obtenercomida, asistencia médica y bebiendo agua de uncanal.

Elfrío y el calorle saben igual: Le cala fuerte. Pero su endeble humanidad de casi 80 años resiente más la falta dealimento.

Elsur de Sonoraes de los municipios donde existe más pobreza extrema, y aunqueEtchojoaes catalogado como la ciudad con una población de más bajo poder adquisitivo, también en las comunidades rurales deNavojoa,ÁlamosyHuatabampo, lapobrezatambién se palpa.

Tiene 80 años y vive solo en el monte
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ElTaste Tesia, es una comunidad ubicada a unosseis kilómetrosde la ciudad, y por esas rancherías nació don Ramón un 9 de agosto de 1940, donde ha deambulado con casi ocho décadas a cuesta.

Recientemente, lafamilia Valenzuela Quijadadescubrió las condiciones en las que vivía el octagenario:Entre el monte, con un techo improvisado y sin agua potable ni comida.

Tras haber recibido la invitación por parte de Frania, quien se puso en contacto para que se hiciera viral la historia de Don Ramón, decidimos acompañarla a conocer la situación, y junto con Javier y Alejandra, quienes le llevaron una gran despensa, nos dimos a la tarea de visitarlo.

Un Camino Espinoso

Gilberto Valenzuelanos esperó en elChapote, Tesia,de ahí partimos en su camioneta ya que la maleza y los malos caminos se hace muy difícil para el acceso a cualquier carro. Tras pasar por diferentes estanques de agua y varios canales, llegamos a un punto donde partimos a pie.

El camino es espinoso para llegar a la casa de don Ramon
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La entrada, es unbasurón improvisadopor una empresa de empaque de chile verde que siembran ahí. Caminamos por el difícil acceso para adentrarnos hasta la ‘morada’ de Don Ramón.

Lafamilia Valenzuela Quijada,para poder llegar, días antes días tuvieron que hacer con dos machetes una entrada ‘decente’, ya que era casi imposible entrar, la pregunta en ese momento era ¿y cómo entra a su casa?

Con la bolsas de mandado destrozadas por las espinas de la maleza,Frania, la matriarca de la familia, no se rindió y pudo llegar con don Ramón, con los alimentos cargándolos en los brazos.

Llegamos a su casa y lo conocimos. Después de superar las expectativas que teníamos por los que nos habían contado del camino a su casa, recorrimos más de 200 metros por la vereda, todos rasguñados, pero por fin estuvimos frente a frente con la persona de la tercera edad, ese señor convertido en una especie de ermitaño.

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Una plática de murmullos

Don Ramón nos recibe gustoso. Un‘Ey que tal’escapa de su boca mientras su rostro se alegra al ver aAlejandra y Javier.Con nosotros saluda un tanto soprendido de nuestra presencia pero asombrados quedamos nosotros por las condiciones en las que esta su hogar.

Sucasason unos palos mal levantados, atados, cubierto conuna lona, hule negro y cobijas.Su Cama:Ocho tablas de maderasobre la tierra, donde por 10 años ha dormido en laoscuridaddel monte.

Su casa son palos levantados cubiertos con cobijas, hule negro y lonas

Don Ramón es de pocas palabras, habla despacito por su edad. Casi almurmullo.

Pos aquí, pasandola…”, comparte cuando le preguntan como ha estado, pero también es amable y se preocupa por saber como estan sus visitantes.

El canal calma la sed

Después de oírlo por unos minutos, era evidente que lalongevidadle hacía desvariar, pero pronto nos percatamos que se trataba de debilidad por lafalta de alimento, ladesnutrición.

Contó que hacía ya varios días atrás tomóagua del canal,un agua que nos percatamos que ni las vacas la tomaban, ya que tiene meses estancada y hasta con ‘sibolis’ nadando en su habitad natural.

Siguió contando que duró tres días con diarrea, causada por alguna bacteria que le cayó al estómago, sin comer, y sin agua para beber, algo esencial para cualquier ser humano. Con un nudo en la garganta todos oímos su historia.

Don Ramón necesita ser atendido por algún médico, él lo sabe y lo externó en varias ocasiones, pero se niega rotundamente a salir y dejar sus pocas pertenencias, porque cree que le seguirán robando.

ha sido víctima delvandalismoa pesar de ser un lugar desolado, en medio de la nada. A don Ramón le ha robado un ‘chavalo’ en varios ocasiones.

Se llevó el machete, el hacha, las palas, todos los fierros y herramientas que tenía”, dijo.

Don Ramón quiere construir su casita en esos mismos terrenos, porque, asegura con papel en mano, tiene como comprobar que son de su propiedad, y la quiere convertir en un huerto.

El apoyo Solidario

Gilberto Valenzuelacomentó que cuando lo encontró no tenía nada para comer, y convenció a su esposaFraniapara llevarle algo de mandado, sin dudarlo, y con el gran corazón que poseen estas personas, lo hicieron de inmediato. Sus hijos ahora lo quieren adoptar como su ‘tata’.

Contó que tiene un hermano en la costa deHermosillo, Catarino, que no ve desde hace muchos años, además de otros enGuasavea los cuales no ve desde hace mucho,

Sabe que ha pasado mucho sin calendarios, nada que le esté recordando que día vive. Sorprendió a todos al preguntar qué día era y le falló: “Es miércoles ¿verdad?”. La visita sucedió un jueves.

Don Ramón contó que se había casado en dos o tres ocasiones, pero no había podido hacer vida con ninguna de sus mujeres. El trabajo en elcampolo llevó a mudarse por temporadas fuera de su casa, y hasta vivió en losEstados Unidos.

La cama de tablas de don Ramón en el piso de tierra
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Alejandra y Javierse convirtieron en sus ángeles en ese momento, y ademas de su ayuda en alimentos, pudieron hacer que elsubprocurador del Adulto Mayor, Venustiano Nieblas, del DIF, se apersonara e invitará a don Ramón a un albergue temporal.

Por su edad, su amor a su terreno o el miedo a perder sus cosas, se negó, y Ramón Bojórquez, con sus casi80 años al hombro,ahí seguirá durmiendo, en medio del monte, en su cama de tablas, sobre el piso,soñando en la oscuridadde la noche con tener su casita construida.

Con Información deErnesto Peimberth