Ciudad Obregón, Sonora.-El Gobierno ha seguido la estela de violencia y sangre de anteriores sexenios, pese a que en el discurso llama a la paz y a evitar los enfrentamientos; Sonora es uno de los estados donde más han crecido los choques entre la autoridad y el crimen.

El gobierno deAndrés Manuel López Obradorprometió desde el primer día que cambiaría la estrategia de seguridad, al considerar preferible “atender las causas” de la violencia que disputarle el control al crimen organizado mediante las balas.

“Abrazos, no balazos” es una frase que el presidente repite incluso desde sus tiempos como candidato, misma que prometía una nueva forma de entender el uso de la fuerza oficial: acabar con el carácter punitivo y apostar por la prevención.

En los dichos sonaba bien, pero la realidad es diametralmente distinta, de acuerdo con los datos duros.

No podemos saber desde la investigación si hay momentos o lugares específicos en donde el Ejército ha decidido evitar incidentes violentos, como supuestamente ocurrió durante el ‘culiacanazo’ en octubre de 2019, pero sí intentamos demostrar que es falsa la idea de que el Ejército ha cambiado, drásticamente, el uso de la fuerza letal”, explica Samuel Storr, investigador de la Universidad Iberoamericana y autor de un estudio sobre el tema.

A nivel nacional y regional vemos exactamente el mismo nivel de enfrentamientos con personas civiles, con los mismos resultados que en el gobierno de Enrique Peña Nieto”, detalla Storr.

De acuerdo con los datos recabados por la Universidad Iberoamericana, en los tres primeros años del gobierno de López Obrador se dieron 1,1135 enfrentamientos con armas de fuego entre las fuerzas armadas y miembros del crimen, poco más de los 1,077 registrados en el segundo trienio de Peña Nieto.

Lo que nos dice que la estrategia implementada por las fuerzas armadas y el gobierno actual es muy similar al del sexenio anterior, aunque la promesa haya sido cambiarla profundamente”, argumenta el académico Andrés Sumano.

Encima, explica Storr, la estrategia federal está basada en un gran despliegue de fuerzas militares como un intento de que se conviertan en un mecanismo de disuasión, es decir, siguiendo una lógica de mayor vigilancia es igual a menores actos violentos. Aunque no ha resultado.

Hay un incremento de 240% de despliegue en comparación con el sexenio anterior, pero esto no ha incidido en mejores resultados; más allá del despliegue, el gobierno no ha articulado una estrategia de seguridad que explique una relación entre las acciones y los resultados esperados”, apunta.

  • Situación local

Tamaulipas, Guanajuato y Michoacán son las tres entidades con mayores choques violentos entre civiles y fuerzas federales, pero en realidad los hechos se repiten a lo largo del territorio, con la particularidad de que en el norte suele ser el Ejército quien mayores casos tiene, y la Guardia Nacional (hoy prácticamente en manos de la Sedena) le corresponde en el sur.

Particularmente en Sonora, las cosas han empeorado con la Cuarta Transformación en cuanto a enfrentamientos y, por ende, al terror ciudadano en calles y carreteras.

El estudio de la Universidad Iberoamericana revela que entre enero del 2016 y agosto del 2018 únicamente se registraron dieciséis choques, once de ellos protagonizados por militares, mientras que de septiembre 2018 a diciembre del 2021 la cifra llegó a 83, una diferencia abismal.

  • Sonora es el tercer estado con mayores choques armados

Los casos durante el sexenio obradorista se dieron con el Ejército también, pero con un ingrediente extra: la participación de la Guardia Nacional militarizada, es decir, el modelo impulsado por la Cuarta Transformación de darle el control del presunto cuerpo civil al sistema castrense.

En Sonora hay énfasis en el personal militar, donde los soldados y la guardia nacional superan claramente en número a los de las policías locales; una consecuencia de la presencia del personal militar y grupos civiles armados es una mayor cantidad de enfrentamientos”, explica Storr.

Fuente: Tribuna