Ciudad Obregón, Sonora.- Sensible, empática y con un alto sentido de solidaridad, pero también profesional, competente y responsable, son algunas de las impresiones que te transmite Claudia Fabiola Santacruz Avilés, directora del DIF Cajeme.
La maestra, hoy convertida en funcionaria pública, comparte una reflexión que nace desde su propia experiencia de vida, donde convergen la vocación docente, el servicio público y la más entrañable de las responsabilidades: ser madre.
Comentó que durante su trayectoria como formadora de nuevos profesionales, le ha regalado satisfacciones profundas al ver cómo generaciones de estudiantes han crecido, se han convertido en profesionistas y han formado sus propias familias. Para ella, cada reencuentro con un exalumno es un recordatorio del impacto silencioso pero duradero de la enseñanza.
Es satisfactorio ver a otros niños que en su momento la ven a una como maestra y como directora en determinado momento en alguna institución educativa y encontrártelos con el paso del tiempo y verlos cómo han logrado salir adelante y podértelos encontrar ya después en el súper, en la calle y que te digan: “Ya soy licenciada, ya me casé”, narró con un tinte de nostalgia, pero también de orgullo al saber que fue parte de la formación de aquellos niños hoy convertidos en jóvenes.
Santacruz Avilés, coparte con uno de sus grandes retos, ha sido la de equilibrar su vida profesional con su papel de madre; reconoce que ser madre y profesionista al mismo tiempo es una de las experiencias más intensas y gratificantes de su existencia.
El ser madre y poder trabajar en lo que uno ama es una de las satisfacciones más grandes”, expresó, al recordar cómo logró acompañar el crecimiento de sus hijos incluso dentro del mismo entorno educativo donde desarrollaba su carrera, llegando incluso a entregarles sus certificados de educación media superior.
La funcionaria municipal manifestó que cuando una madre trabaja y se desarrolla profesionalmente, también transmite un ejemplo de esfuerzo y superación a sus hijos, quienes crecen con esa misma energía y valores. “La familia la hacemos todos”, señaló, enfatizando la importancia del apoyo mutuo dentro del hogar.
Ya desde el servicio público, Santacruz Avilés ha encontrado una nueva forma de dar sentido a su vocación. Su paso de la educación al ámbito social no ha sido una ruptura, sino una continuidad natural de su compromiso con la gente. Desde el DIF Cajeme, asegura que su labor sigue siendo formar, ahora no solo desde las aulas, sino desde la atención directa a las familias más vulnerables.
Su testimonio deja una huella emotiva: la de una mujer que ha sabido entrelazar la ternura de la maternidad con la firmeza del servicio público, encontrando en ambas facetas no una división, sino una misma razón de vida: servir, educar y acompañar.

Entre uniformes, aulas y corazones: la vida que se construye entre ser madre y servir a los demás
Fuente: Tribuna del Yaqui
