Ciudad de México.-“Tengo el corazón pesado”, “Me pesa”, “Me siento vacío”: tantas expresiones que atestiguan losefectosde latristezaen nuestro cuerpo. A través de ella, es la amenaza de la depresión la que asusta. Cuando el dolor se refrime y se instala a lo largo del tiempo, puede tenerrepercusiones en el funcionamiento de nuestro cuerpo.
Cuando estamos tristes, tendemos a aislarnos. Nuestras emociones están ahí para hablarnos de nuestras necesidades más profundas. La tristeza invita al retiro para integrar la pérdida, cuestionarse, adaptarse. Después de una ruptura, por ejemplo, necesitamos un tiempo para volver a centrarse en nosotros mismos para poder movilizarnos de nuevo hacia afuera.
La tristeza obliga aralentizarsedisminuyendo la capacidad de movimiento e impone el tiempo necesario para centrarse en susnecesidades primarias. Por lo general, hay una ralentizaciónfísicaypsicológica, a nivel cerebral pero también motor.
Se acompaña de un trastorno del impulso vital y se mezcla con dificultades deconcentraciónymotivación. Genera una disminución de energía que elimina todaenvidiaydisminuye el placerque se siente al hacer las cosas, porquela secreción de serotonina y dopamina disminuye.
Elsueñotambién puede verse perturbado. La tristeza puede manifestarse porinsomnio, lo que aumenta la fatiga, o por el contrario, el sueñoexcesivo; la persona se refugia en el sueño sin necesariamente sentirse descansada. Esta emoción tiene repercusiones en nuestro cuerpo y, en particular, en nuestroapetito. O la tristeza corta el apetito y conduce a una pérdida de peso significativa, o aumenta el deseo de ‘comer sus emociones’.
Si esta fase de tristeza tiende a perdurar, pueden aparecer otras repercusiones. Elreloj biológicoestá desregulado, por lo que podemos tener una disminución de la temperatura corporal y así ser más sensible al frío. También hay un aumento del cortisol, la hormona del estrés: a la tristeza se suma la ansiedad. Finalmente,debilita el sistema inmunológico, lo que hace que los individuos tristes sean más frágiles a los virus.
Fuente: Tribuna