Ciudad de México.-Es frecuente que, cuando una persona decide incursionar en el mundo de lafarándula, debe prestar especial atención en suapariencia física, ya que, entre más atractivos sean a la vista, mejores oportunidades tienen en esta compleja industria. Dicha situación ha derivado en gravesproblemas físicosy emocionales para los famosos, quienes en algunas ocasiones han llegado a hablar de ello abiertamente.
Un ejemplo de ello es el que vivió el actor de producciones comoLo que callamos las mujeres,A cada quien su santo,La vida es una canciónyLo que la gente cuenta:Alberto Reyes, mismo que en días recientes acudió a brindar una entrevista al showTerapiaPodcast, conducido porRamón Montes de Oca, donde contó que, desde antes de ingresar al mundo de laactuación, él ya padecía problemas con su apariencia física.
Según las declaraciones del famoso, desde que era pequeño, es decir a los 8 años, teníaproblemas de sobrepeso, por lo que le impusieron unadieta, esto continuó a sus 15 años, cuando fue enviado con unanutrióloga, pero tenía problemas parabajar de peso, esto pese a que procuraba ser disciplinado con sualimentación. Las cosas empeoraron tiempo después, cuando fue con un médico que lo calificó como alguien “gordísimo”.

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Dicha frase le afectó notablemente, por lo que decidió extremar aún más sualimentación, desayunando únicamente un vaso deagua caliente con limón, comiendo soloverdurasy evitando lacena. La vida siguió su curso, pero en el periodo de lapandemiaporCovid-19Alberto (al igual que muchas personas en el mundo) subió de peso por el aislamiento, motivo por el que decidió ponerse en régimen de nueva cuenta para bajar esos kilitos demás.
Reyes contó que logró bajar 15 kilos, los cuales logró prácticamente en cuanto salió de su casa, puesto comenzó a experimentar atracones debido a la abstinencia de ciertos alimentos, cosa que es muy común en las personas que se someten adietas estrictas. La entrevista concluye con una reflexión del propio Alberto, en la que reconoce que tienebaja autoestimay que se siente mal cada vez que está cerca de una persona delgada.
“No me gusta (ganar peso) me siento con la autoestima baja, no siento que merezca las cosas. Me siento poco, me siento mal. Siento como que no valgo, como que me pongo junto a un flanco y me siento menos.”
Fuentes: Tribuna