Estados Unidos.- Una investigación de la Universidad de Harvard, Mass General Brigham y el Instituto Broad del MIT vinculó el consumo moderado de café con una reducción de hasta 35 por ciento en el riesgo de demencia. El análisis, desarrollado durante más de cuatro décadas, evaluó datos de 131.000 personas para establecer la asociación entre la ingesta de cafeína y el deterioro cognitivo.
El estudio identificó que consumir entre dos y tres tazas de café al día mostró los efectos protectores más significativos contra la demencia. Los investigadores rastrearon patrones de consumo de cafeína en los participantes y correlacionaron estos datos con registros médicos que documentaban casos de deterioro cognitivo durante el período de observación.
¿Cuáles son los mecanismos detrás de la protección cognitiva?
La cafeína actúa como estimulante del sistema nervioso central y podría favorecer la circulación cerebral. Los hallazgos sugieren que las propiedades neuroprotectoras de la cafeína intervienen en la prevención del deterioro cognitivo asociado con la edad. Los científicos también consideraron que otros compuestos presentes en el café, más allá de la cafeína, podrían contribuir a estos beneficios neurológicos.
El equipo de investigadores controló múltiples variables en el análisis, incluyendo edad, sexo, factores genéticos, patrones de sueño y otros hábitos dietéticos. Esta metodología permitió aislar el efecto específico de la cafeína en la cognición. Los participantes fueron clasificados según sus niveles de consumo de café para comparar riesgos de demencia entre grupos.
¿Qué sucede con cantidades mayores de café?
El estudio reveló que consumir más de cuatro tazas diarias no mostró beneficios adicionales comparado con la ingesta de dos a tres tazas. De hecho, el análisis sugirió que cantidades excesivas podrían disminuir los efectos protectores observados en el rango moderado. Los investigadores subrayaron que la relación entre cafeína y protección cognitiva sigue un patrón de dosis-respuesta específico.
Mass General Brigham y el Instituto Broad del MIT colaboraron en el procesamiento de datos genómicos y análisis de biomarcadores en muestras de sangre de los participantes. Esta información permitió identificar variaciones genéticas que podrían influir en cómo diferentes individuos metabolizan la cafeína. Los hallazgos abren líneas de investigación sobre susceptibilidad genética a los efectos del café.
Los resultados se suman a investigaciones previas que vinculan el consumo moderado de café con otros beneficios para la salud cardiovascular y metabólica. El seguimiento extendido de cuatro décadas proporciona evidencia longitudinal robusta sobre cambios cognitivos en población envejecida. Las implicaciones clínicas podrían influir en recomendaciones dietéticas para prevención de demencia en adultos mayores.
El Instituto Broad del MIT y Mass General Brigham cuentan con registros de salud de los participantes que permitieron documentar diagnósticos clínicos de demencia durante el período de observación. Los investigadores señalaron que los datos proceden de cohortes bien caracterizadas con seguimiento sistemático de funciones cognitivas. La próxima fase incluirá validación de estos hallazgos en poblaciones diversas para confirmar la generalización de los resultados.
Fuente: Tribuna del Yaqui
