Ciudad Obregón, Sonora.-EnCajeme, salir a la calle es arriesgar la vida; pareceexagerado, pero la cantidad de víctimas colaterales de laviolenciay multiplicación deciudadanosque han atestiguado laviolencia sistemática, son prueba de que no hay sitio seguro.
La última tragedia tiene nombre: Ingrid, una niña de dos años, murió el domingo tras no superar las heridas de las balas con las que sicarios atacaron el auto en donde viajaba con tresadultos, entre ellos su tía.
La muerte de la menor resume la situación de una ciudad que se le salió de las manos a unas autoridades municipales, cuya respuesta a la crisis es el inexacto manejo de las cifras oficiales y la revictimización.
Porque en Cajeme, si un ciudadano resulta herido o es asesinado, lo más probable, conforme a las últimas declaraciones tanto del alcalde Javier Lamarque como del jefe de la policíaClaudio Cruz, es asegurar que la víctima tenía un nexo con el crimen organizado o era consumidor de drogas, esto sin pruebas.
La mayor parte de las víctimas son personas que han estado involucradas con el crimen, gente que sobre todo son consumidores de drogas”, dijo Cruz a los medios; por su parte, Lamarque ha respaldado esa visión generalizando que a las víctimas, particularmente a las mujeres asesinadas, “se les encuentran dosis (de estupefacientes) e incluso armas”.
- Imparable
Lo cierto es que, pese al discurso al unísono de las autoridades locales, los números siguen lapidando a un Cajeme nulo en políticas de prevención y de estrategias para disminuir el impacto criminal por parte del ayuntamiento.
Ingrid se convirtió en la mujer catorce asesinada en Cajeme desde que inició el año, esto de acuerdo al conteo de Tribuna, en el epítome del vacío de autoridad que mantiene al municipio en el caos.
Los números oficiales dan cuenta de la tragedia que el ayuntamiento no termina de comprender, ni de prestarle la atención necesaria. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), que realiza el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) desnuda las pretensiones del alcalde Lamarque de minimizar la vox pópuli, que clama por seguridad.
En diciembre pasado, el 89.2% de la población dijo sentirse insegura: la percepción de seguridad en Cajeme es la sexta peor del país, sólo superada por Fresnillo, Zacatecas, Naucalpan, Ecatepec e Irapuato; en contraste, en Hermosillo y Nogales, las otras dos ciudades sonorenses mencionadas en la ENSU, el porcentaje baja a 55.8 y a 46.5 respectivamente.
La misma encuesta revela que el 76% no tiene la mínima fe en que la situación de inseguridad vaya a cambiar durante el próximo año.
Ante las pruebas, Lamarque Cano sólo ha podido sobajar la opinión popular, echando en cara a los ciudadanos que no “defienden” a su municipio.
¿Ustedes creen que Los Mochis (Sinaloa) está mucho mejor en seguridad que Cajeme? Mochis está considerado el segundo municipio más seguro porque la gente no se la vive pensando (en la inseguridad) o denunciando (…) tiene mucho qué ver con la actitud de nosotros, defender a nuestro territorio”, dijo el 19 de enero.
- Desconfianza plena
Lo que el munícipe no dice es que sólo el 46.1% de los cajemenses confía en la dependencia sobre la que tiene injerencia: la policía municipal, cuya eficiencia es calificada con un pobre 35.9%.
El estudio no deja bien parado a la policía que dirige Claudio Cruz, pues únicamente el 16.2% de la población reveló que ha tenido contacto con autoridades de seguridad pública, en un resumen claro de la poca cercanía de la corporación con los ciudadanos y el bajo nivel de vigilancia.
Peor aún, de aquellos que han sido abordados por personal policiaco o de tránsito, el 66.6% experimentó un caso de corrupción, lo que hace de la de Cajeme la cuarta corporación policiaca más corrupta del país.
Reconocemos que tenemos ese problema, por eso es que hicimos cambio de mandos, revisamos los perfiles de mando… cuando llegamos había denuncias diarias (de corrupción) y lo hemos controlado”, dijo Cruz en entrevista.
Fuente: Tribuna